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Experiencias con el águila imperial de un fotógrafo de naturaleza
Experiencias de un fotógrafo de naturaleza pionero
Con la lejanía del tiempo, ciertas experiencias llegan a formar parte de los momentos más trascendentales de la vida de cualquier persona. Han buscado un hueco en la memoria y se han guardado como en un chip inviolable en lo más profundo del recuerdo.
En mi caso, como fotógrafo de naturaleza, pionero allá por finales de los años sesenta y principos de los setenta, cuando solo hacía fotos de fauna silvestre la gente que disfrutaba de un status social que pudieramos definir como acomodado o favorecido, me dió a mi la cabezonería de practicar también la "caza fotográfica", como se llamaba entonces y prácticamente reservada, por su carestía, a la clase pudiente. Nadie vivía de ésto. Nadie. Y yo me empeñé en vivir de las fotos que hiciera, malas al principio, que fueron mejorando, supongo, con la experiencia y viendo fotos en libros de otros fotógrafos centroeuropeos que sí vivían ya de la fotografía de naturaleza, sobre todo ingleses, franceses y alemanes.
Úno, que íba para cazador pero con inclinaciones hacia el más vil furtivismo, he de confesarlo, por los conocimentos que tenía de fauna, ya que lo había "mamado" en Candeleda, mi pueblo natal, de la noche a la mañana me arrepentí de todos mis "pecados" tras sentirme magnetizado por aquel increíble personaje que ví por primera vez en televisión como presentador de documentales realizados por productoras extranjeras: Felix Rodríguez de la Fuente.
Olvidé la escopeta y me obsesioné con la cámara fotográfica, que mis esfuerzos me costó comprar, y después un 400mm de lo más tirado y barato de la época. A partir de ahí el reto. Felix hablaba, en aquellos románticos años, de leones, antílopes, girafas y elefantes, en mi valle del Tiétar y mi sierra de Gredos había cabras monteses, grullas, rabilargos y águilas imperiales (1 pareja, de las últimas 50 de España, pero la había) y, sin dudarlo, a hacer fotos de águila imperial en la finca privada donde criaba, con permiso de los dueños pero sin necesidad de permiso de la única administración que había. En aquella época se pagaba a los alimañeros de las fincas por matar todo tipo de depredadores y el águila imperial comía demasiados conejos.
Una selección de aquellas fotos, que hice durante 5 largos años viviendo precariamente y de la comida que me daban en las fincas donde hacía las fotos del águila imperial, o mis parientes y amigos de Candeleda, son las que componen esta galería. Son imágenes a partir de diapositivas digitalizadas, con todas las evidencias de falta de calidad comparable a la foto digital de hoy día, pero esto fué lo que hice y esto es lo que hay del "ibérico" (los belgas Willi Suetes y Van Groenendael fueron los primeros en fotografiar el águila imperial española) que pudo realizar las primeras fotos de nuestra águila más representativa.
José Luis González Grande













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