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JOSÉ LUIS G. GRANDE, fotógrafo de naturaleza

José Luis González Grande, febrero 2011José Luis González Grande  nació en Candeleda (Ávila) el 22 de junio de 1953. Desde muy temprana edad se sintió atraído por las aves de su tierra, el valle del Tiétar y la sierra de Gredos, comarca muy rica en fauna y hermosos paisajes. En 1956 su familia se traslada a Madrid pero él no pierde el contacto con su tierra, añorando cada año la llegada de las vacaciones escolares para retomar el contacto con sus raíces y la cautivadora naturaleza del entorno de su pueblo.  

Sus primeras tendencias se inclinaron más por la caza pero ya con 16 años cambió la escopeta por la cámara fotográfica. Dos años después, en 1971,  se propuso realizar una colección de fotos, lo más completa posible, de las especies de fauna de su comarca. De esta manera se especializó en la fotografía de naturaleza.

Comienza su actividad profesional en 1973, año en el que publica sus primeras fotos con la editorial Incafo. Pocos meses después es contratado por esta editorial como fotógrafo oficial, realizando viajes por varios países hispanoamericanos para hacer reportajes para la revista Periplo y fotografías destinadas a distintas colecciones de libros de esta editorial sobre reservas nacionales de caza y espacios naturales tanto de nuestro país como de otros de América.

En 1978 se independiza, continuando con sus colaboraciones con Incafo, pero trabajando también para otras editoriales nacionales y extranjeras. Durante años, a la vez que publica sus reportajes en numerosas revistas de Europa y América, da conferencias en centros culturales, asociaciones y colegios e institutos. En Estados Unidos Colabora con National Geographic, International Wildlife y Audubon.   

En 1987 crea su propio sello editorial: FONAT. Con él publica dos CD-rom y nueve libros entre los que destacan Las Rapaces Ibéricas (más de 100.000 ejemplares vendidos) y Gredos, Hombre y Naturaleza (16.000 ejs.). Al mismo tiempo, continúa realizando trabajos fotográficos para libros, revistas y fondos gráficos de distintos organismos públicos y comunidades autónomas.

Ha colaborado a nivel gráfico en todas las grandes colecciones de divulgación de la naturaleza publicadas en  fascículos de las más importantes editoriales de nuestro país desde 1976: Salvat, Urbión, Sarpe, Debate, Planeta-Agostini, Del Prado y Plaza y Janés entre otras. Colabora también con editoriales como Santillana, Anaya, Debate, SM y Espasa-Calpe.

José Luis González Grande dentro de un hide esperando a la nutria (2010)Tiene fotos en distintos bancos de imagen de España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. A través de estas agencias tiene en circulación alrededor de 25.000 fotografías, logrando distribuir y publicar sus trabajos en distintos países. En su archivo particular cuenta con alrededor de 200.000 fotografías de fauna, flora, paisaje, espacios naturales, monumentos histórico-artísticos y aspectos turísticos de España en general.

Ha participado también en diferentes campañas de publicidad para distintas agencias en proyectos para empresas centrados en el medio ambiente. Incluso ha realizado fotografía industrial para las memorias de grandes empresas.  

Ha trabajado para el Servicio de Información Ambiental de la Comunidad de Madrid en la realización de fotos y videoclips para el Catálogo de Especies Protegidas y la Red de Espacios Naturales, entre otros temas, para su publicación en Internet.

Desde 1998 también es productor de exposiciones itinerantes de educación ambiental, siempre utilizando como materia prima la fotografía para su desarrollo, colaborando en proyectos de educación y divulgación para obras sociales de cajas de ahorros, museos y centros de cultura de ayuntamientos. Su actividad actual se centra, sobre todo, en el desarrollo de exposiciones dentro de esta línea educativa y la realización de reportajes fotográficos relacionados con el medio ambiente y el turismo para organismos públicos (el Ministro de Industria Comercio y Turismo le otorgó la Medalla al Mérito Turístico de 1991). Participa también en campañas de promoción de desarrollo sostenible y conservación del medio ambiente en diferentes fundaciones y organizaciones relacionadas con la conservación de la naturaleza.  

Su más reciente proyecto es esta web FOTOS NATURALEZA, que ve la luz en 2010, mediante la cual ofrece servicios de localización de especies y ubicación de instalaciones a otros fotógrafos, profesionales y aficionados, para la realización de reportajes fotográficos de especies salvajes de la fauna ibérica.

 

José Luis González Grande (abril 2004)

 

Una de las grandes especialidades de este fotógrafo es el paisaje. Mediante una herramienta de gran calidad, como es la cámara de formato panorámico Linhof Technorama 617 (con la que se obtienen originales en película de formato de 6x17 cm), José Luis G. Grande ha fotografiado todas las grandes cordilleras que vertebran España y la mayor parte de los espacios naturales más representativos de la naturaleza de nuestro país. Pero esta cámara ya pertenece al pasado. Actualmente vivimos en la era digital y desde 2007 trabaja en digital.   

 

José Luis G. Grande filmando en Gredos (1978)José Luis G. Grande en Doñana (1988)José Luis G. Grande en Zaragoza (1983)José Luis G. Grande en Gredos (1993)

Otros tiempos...

Tras 40 años de profesión los procedimientos para fotografiar fauna, sobre todo aves, han cambiado poco. Pero sí se han aplicado otras herramientas que permiten popularizar la fotografía de naturaleza, como es el caso de los telescopios ornitológicos con adaptadores para cámaras digitales, que proporcionan potencias focales de 1500 mm a un costo relativamente asequible. Nos referimos al digiscoping, del que hablamos en otras secciones de esta web. Los pioneros de la fotografía de naturaleza en España, como es el caso de este fotógrafo, no tuvieron esas ventajas y necesitaron de grandes instalaciones (torres de andamiajes que superaban en ocasiones los 20 m de altura y que reproducimos abajo) para poder realizar primeros planos de nuestras especies de aves y mamíferos ya que trabajaban con teleobjetivos de entre 400 y 600 mm de potencia focal.

Águila imperial con un conejo en el Valle del Tiétar (Toledo)

Memorias de un fotógrafo pionero

(Entrevista de Fotonatura publicada en la sección "Revista" de esta web en febrero de 2011)

¿Cuál era el panorama de la fotografía de naturaleza en España en tus inicios? ¿Quiénes eran tus referentes en ese momento y que otros “maestros” has ido añadiendo con el paso del tiempo?

La fotografía de naturaleza estaba despuntando a finales de los años sesenta. Era una actividad absolutamente elitista y buena parte de los fotógrafos eran cazadores de caza mayor que comenzaban a practicar lo que por aquellos años se llamaba “caza fotográfica”. La creación de Incafo (Instituto de la Caza Fotográfica) fue el detonante de que se empezaran a conocer las fotos de unos cuantos fotógrafos que las realizaban para ellos sin intención de venta. Incafo, con su editorial, comenzó a publicar las revistas Ronda Iberia y Caza Fotográfica y, posteriormente, libros con el material de estos fotógrafos, que cobraban sus fotos pero no vivían de esta actividad ya que eran personas con una situación acomodada.

Comencé a hacer fotografía de naturaleza en 1968 con una Kodak Instamatic. Con 15 años y esta cámara compacta familiar mis posibilidades se limitaban a fotografiar los huevos o los pollos de los nidos y algún que otro “bicho” que los guardas de las fincas tuvieran en jaulas: búhos, tórtolas, cuervos y hasta una pareja de águilas imperiales. En 1972 me compré mi primera cámara reflex: una Zenith rusa y un teleobjetivo Soligor 400mm (el más barato y básico del mercado). Después vendrían los Novoflex y los objetivos Nikon de precio asequible o de segunda mano.

Desde 1970 empecé a publicar fotos por cortesía en revistas locales y de asociaciones culturales. Naturalmente, esos medios eran todos en blanco y negro. Al principio hacía fotos en película de color para papel como cualquier particular. Las posibilidades de vivir de la fotografía de naturaleza eran muy remotas en aquellos tiempos y si querías ver tus fotos publicadas las tenías que ceder gratuitamente, pero solo verlas impresas me llenaba de satisfacción y lo hacía con gusto.

En 1972 me hice socio de Incafo (Instituto de la Caza Fotográfica, que era editorial y a la vez asociación que publicaba la revista Caza Fotográfica para sus socios). Asistía a proyecciones de documentales que hacían en la sede de Incafo. Alucinaba con los documentales hechos en España  en 16mm por fotógrafos y realizadores españoles “aficionados” que se proyectaban allí para los socios. Entre otros, conocí a Arturo Sarró, médico psiquiatra catalán, que años después, mediando Jesús Garzón, amigo de ambos, me pidió filmar a las águilas imperiales desde uno de mis hides.

¿En qué momento decidiste profesionalizarte y que dificultades y oportunidades encontraste?

En Incafo me revelaban las fotos a precio de socio, que hacía en papel. Una tarde de la primavera de 1973, al ir a recoger las copias de un par de carretes, coincidí en recepción con Luis Blas Aritio propietario mayoritario de la empresa, y las ojeó, le gustaron y me propuso comprarme fotos si trabajaba en diapositiva de Kodak. Me pareció estar oyendo campanadas celestiales por todos los lados. Comenzó por regalarme una docena de carretes de Kodachrome 64. Nunca había tenido tanta película virgen junta en las manos, y de tanta calidad. Para mí era oro puro para pulir en el menor tiempo posible ya que me dijo que cuando lo agotara me proporcionaba más. En pocos meses, ya veía mis fotos publicadas en los libros y revistas de naturaleza de Incafo, la editorial de naturaleza más prestigiosa de España. No acabó el primer año de colaboración cuando, al ver mis progresos y las cantidades que me tenían que pagar, decidieron ofrecerme el puesto de fotógrafo oficial de la editorial, les salía más rentable aunque me pagaran sueldo, dietas y gasolina. Yo, naturalmente, acepté y a partir de ahí comencé mi actividad profesional por cuenta ajena. De la noche a la mañana, me vi trabajando para esta editorial en colecciones importantes de libros. Gracias a Incafo, conocí prácticamente todas las sierras que vertebran la Península y varios países de América y de la ansiada África tropical.          

Durante aquella época, avanzados los años setenta, los fotógrafos españoles de referencia eran Antonio Camoyán, Álvaro Silva, Antonio Díaz de los Reyes, Juan Antonio Fernández y Luis Pechuán entre otros, cuyas fotos aparecían en libros y revistas de la editorial Incafo con una calidad poco usual para esos años y lo que se veía publicado. Era la época de los pioneros. Estaba todo por hacer pero todavía nadie vivía de la fotografía de naturaleza. Los belgas Willi Suetens y Paul van Gröenendael (el primero director de una oficina de una caja de ahorros de Bélgica y el segundo un empleado de la misma) fueron para mí el verdadero camino a seguir. Venían todos los años en primavera a fotografiar las rapaces españolas con medios envidiables: buenas cámaras y potentes teleobjetivos de marca, andamiajes, hides, todoterrenos, etc. Mi pasión eran las rapaces desde que tenía poco más de 10 años y a principios de los setenta  sus fotos me enseñaban cómo debía fotografiarlas y los sistemas y medios a utilizar, si es que podía con mis precarios recursos.

Escasamente dos años después de comenzar a trabajar en Incafo, me independicé. Quería ser libre y realizar los proyectos que me gustaran y con más tranquilidad. Necesitaba olvidarme de los aviones y los grandes viajes por un tiempo. Todo había ido demasiado deprisa. Comenzaba otra etapa, aunque seguí colaborando con Incafo en numerosas colecciones de libros y para la revista Periplo. Los textos que acompañaban  mis reportajes fotográficos en Periplo eran firmas como Joaquín Araújo, Miguel Delibes de Castro, Alberto Larramendi y José Luis Rodríguez entre otros, todos abriéndose camino, como yo, en profesiones relacionadas con la naturaleza y hoy grandes referenes de la realización de documentales, la investigación biológica, la dirección de parques nacionales o la fotografía de naturaleza respectivamente.

Ya en mi etapa errática e independiente, y con el paso de los años, coincidí en varias ocasiones con Paul van Groenendael. Sobre todo en Monfragüe. Mientras W. Suetens se quedaba en los Pirineos intentando filmar y fotografiar el quebrantahuesos, Paul se bajaba a Monfragüe, más cómodo y relajado como él decía. A Paul le encantaba el vino español y especialmente el fino Tio Pepe. En su furgoneta de camping Volkswagen no faltaban nunca diez o doce botellas. ¡Qué noches memorables pasamos, junto con José Luis Rodríguez, conversando acampados en la dehesa a la luz de la luna, con unas copas de su preciado Tío Pepe y contando experiencias del día de nuestros respectivos hides del águila culebrera, cigüeña negra, águila imperial, alimoche y buitre negro! Jesús Garzón, embarcado en aquellos tiempos en hacer famoso Monfragüe a nivel internacional para conseguir su protección, nos ofrecía todo tipo de facilidades para hacer nuestros reportajes y publicar artículos en todas las revistas posibles para hacer que se conociera a nivel internacional y obtener apoyos y subvenciones para pagar el arriendo de las fincas donde se conservaban las mejores poblaciones de águila imperial, cigüeña negra y buitre negro de toda Europa. Pocos meses después, José Luis Rodríguez, Luis Cuaresma y un servidor nos embarcamos en la producción y edición del libro “Monfragüe, sierra brava”. 

 

¿Cómo era la fotografía de fauna salvaje ibérica? ¿De qué manera te movías por el campo? ¿En qué ha cambiado respecto a la actualidad?

En los años setenta Félix Rodríguez de la Fuente era ya un gran personaje de televisión. Con el carisma que le caracterizaba y con todo su magnetismo, presentaba aquel memorable Planeta Azul, para el que TVE compraba filmaciones a productoras del extranjero para ilustrarlo. Mientras se emitía, y debido al éxito, Félix ya trabajaba en la gran producción del “Hombre y la Tierra”. Para mí, como para tantos otros, Félix fue otra gran referencia. Sus publicaciones con Salvat demandaban fotos y nos permitieron seguir adelante a los pocos fotógrafos españoles, dos o tres, que intentábamos abrirnos camino y ya vivíamos, o mejor dicho, sobrevivíamos, verdaderamente de la fotografía de naturaleza. Sin embargo, la mayor parte de las fotos que publicaban estas editoriales de obras por fascículos, procedían de fotógrafos y archivos ingleses, alemanes,  franceses y americanos puesto que aquí todavía no teníamos suficiente variedad ni calidad comparable a la suya. 

Eran tiempos en los que los fotógrafos, a la vez que hacíamos fotos, teníamos que tener ciertas dotes de convicción, y mucha paciencia, para ser transmisores de las nuevas tendencias hacia la naturaleza: su protección. Había que conseguir que los propietarios de grandes fincas fueran conscientes de la importancia de la conservación de, al menos, algunas especies de rapaces, las más escasas e importantes, y que fueran respetadas. Todas era materialmente imposible. Y de los mamíferos carnívoros ni hablar si no queríamos que se fuera todo al traste y, además, nos prohibieran el paso a las fincas. Había que ir poco a poco, paso a paso pero con una clara determinación para conseguir proteger definitivamente a todos los depredadores aunque costara décadas. Los programas de Félix eran el apoyo de los argumentos de fotógrafos y naturalistas ya que, el poder de la televisión, era incuestionable, y todo lo que salía “iba a misa”, y más si lo decía este admirable y carismático personaje que tanto me apasionaba. Otra cosa es que los propietarios y sus guardas aplicaran esas recomendaciones conservacionistas aunque entendieran la conveniencia, no la necesidad, de que siguieran existiendo los depredadores. 

En la década de los setenta y principios de la de los ochenta no se necesitaban permisos de ninguna administración para poder hacer fotografías de fauna. Se trabajaba con absoluta libertad, pero por supuesto con ética. Llegué a tener alrededor de diez hides repartidos por la comarca de Candeleda, generalmente en fincas privadas con cuyos dueños conseguí hacer y mantener amistad hasta nuestros días. Gracias a esta amistad atendían mis propuestas de evitar la caza de rapaces con búho (autorizada y muy extendida), el veneno, los cepos, los lazos de cables y otros tipos de artes para masacrar  “alimañas”, como definían a los depredadores y que ahora son nuestras más preciadas especies.

En los años setenta y ochenta el campo era mi vida y la fotografía mi medio de subsistencia, limitado, eso sí, pero sin prisas de que pasara el tiempo. No importaba comer varios días lo mismo -un trozo de pan duro con una lata de sardinas bastaba- si estabas dentro de un hide (a veces hasta 3 días seguidos, con sus noches naturalmente), sobre una torreta de 12 metros de altura y a 15 metros del nido de una pareja de águilas imperiales. Solamente la visión del comportamiento de familia de águilas me mantenía, me llenaba de vida.              

 Fotógrafos como el británico Stephen Dalton  y el alemán Hans Reinhard eran mis referentes europeos en los años setenta y ochenta. La fotografía de alta velocidad y la plasticidad con fondos de gran desenfoque, respectivamente,  irrumpieron en España con ellos y comprendí a la distancia que estábamos de su nivel cuando empezaron a aparecer libros con sus trabajos. Tampoco debo olvidarme de Frans Lanting, holandés pero afincado en California y uno de los más grandes fotógrafos del mundo.

 

¿Puedes resumirnos la aventura de Fonat y cuál ha sido tu última realización editorial?

En la medida en que me iba realizando como fotógrafo, colaborando para otras editoriales, también sentía la necesidad de abordar proyectos propios y tener una actividad más empresarial que profesional. Creé, junto con otros socios de una agencia de publicidad, la editorial Fonat S.A. empezando con la obra “Las Rapaces Ibéricas”, cuyo título superó los 100.000 ejemplares en ventas, un auténtico best seller de la naturaleza solo superado en España por las publicaciones de Félix Rodríguez de la Fuente. Debido a circunstancias ajenas a la editorial y relacionadas con la agencia de publicidad, hubo que cesar la S.A. y seguí adelante solo como autor editor manteniendo el sello Fonat. Con este sello publiqué nueve libros y dos cd-rom. Durante los años de editor, realizaba trabajos fotográficos para organismos públicos. Algunos de los más importantes fueron los de la Red de Espacios Naturales para la Junta de Castilla y León. Para la Comunidad de Madrid también realicé trabajos durante varios años de la red de espacios naturales, zonas recreativas, pantanos y cuencas fluviales. Durante 28 años, y sigo en ello, hago trabajos relacionados con el turismo y medio ambiente para el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Son reportajes que me han permitido conocer lo más diverso y bello de nuestro país –espacios naturales, monumentos históricos, playas, cuevas y pinturas prehistóricas, museos, etc.- y obtener recursos para producir y editar mis propios libros y desarrollar mis propias exposiciones de educación ambiental.

Debido a este tipo de trabajos de encargo, lo que todo fotógrafo busca para tener estabilidad, parecía que estaba desaparecido del mundo de la fotografía. En cierto modo,  efectivamente, la fotografía de fauna la tenía algo olvidada pero la realidad es que no paraba de realizar fotos por toda España, generalmente en grandes formatos: 6x7, 6x17 y placas de 9x12 para libros, folletos, carteles y publicaciones relacionadas con el turismo (que se distribuyen en 8 idiomas por todas las oficinas de turismo del mundo que tiene el Estado español) y donde, al ser semipublicidad, los fotógrafos aparecemos poco. Por lo tanto, siempre he estado en la brecha y llevo la nada despreciable cifra de 38 años realizando fotografía, unas veces más relacionada con la naturaleza y otras más con la arquitectura, el arte y el turismo.   

 

¿Por qué tu trabajo se ha orientado últimamente a la educación ambiental?

A lo largo de mi trayectoria profesional siempre he participado en libros y proyectos destinados a la educación ambiental y también he ido realizando temas en una línea muy definida para ellos, que requieren fotos donde fácilmente se identifique el contenido y que, estética y plásticamente, sean muy atractivas. Son proyectos que siempre me han interesado puesto que la conservación de la naturaleza depende de la educación que les demos a nuestros hijos y los conocimientos que adquieren de pequeños.

He desarrollado tres exposiciones y tengo otra en marcha. Las exposiciones permiten dar a conocer la naturaleza mediante salidas extraescolares que rompen un poco la rutina de las clases y resultan actividades divertidas. Los niños son más receptivos para los profesores cuando tienen una actividad semejante. La producción de exposiciones es costosa y requieren una importante financiación para desarrollar cada proyecto. Las obras sociales de las cajas de ahorros tienen estos recursos destinados a la educación ambiental. En mi caso, la Obra Social de Caja Madrid fue muy receptiva con mi primer proyecto de exposición “Las Rapaces Ibéricas” incluyéndola en su programa de itinerancias por salas de cultura de numerosas localidades de muy distintas provincias  de nuestro país con la intención de convocar a los colegios a visitarlas como apoyo a las materias de conocimiento del medio y conservación medioambiental. Después, la exposición “Ecosistemas, mundos frágiles” también fue del interés de esta obra social y ha estado circulando por España 8 años, hasta 2007. Desde este año, con la crisis bancaria, las actividades de educación ambiental están lamentablemente paralizadas.   

 

Durante la última década has sido poco visible, al menos en el creciente escaparate de Internet ¿A qué se ha debido?

Durante la última década, desde 1998 a 2009 prácticamente estaba absorbido por la gestión y la organización de las itinerancias de las dos exposiciones que tenía patrocinadas por Obra Social Caja Madrid, que han recorrido más de 50 ciudades españolas, y otra, “Las aves, viajeros sin fronteras”, que sigue circulando con el patrocinio de AENA por distintos aeropuertos de nuestro país. Aunque hacía, y sigo haciendo, trabajos fotográficos, estos estaban y siguen estando más relacionados con el turismo.

 

¿Cuál es tu vinculación fotográfica al Gredos y Tietar abulense, al margen de tus orígenes familiares?

En el Valle del Tiétar maduré como fotógrafo y es lo que más y mejor conozco orográfica y faunísticamente hablando. Siempre que he podido, me ha gustado ir a ver las parejas de águila culebrera, águila imperial, cigüeña negra, águila calzada, azor, águila real y otras tantas especies con las que he trabajado años atrás. Me gusta visitarlas, conocer que siguen allí o que otras parejas han ocupado el territorio de las anteriores, observarlas de vez en cuando, solo y en silencio. Afortunadamente, algunas han aumentado como reproductoras, la cigüeña negra y el águila imperial, por ejemplo, pero otras como el milano real, inexplicablemente, son muy abundantes en invierno con más de un centenar de ejemplares invernantes pero en época de reproducción solo quedan 2 o 3 parejas reproductoras en la comarca de Candeleda, cuando hace 15 años había cerca de 10.   

 

Tu último proyecto empresarial es el alquiler de hides y la prestación de servicios de apoyo a los fotógrafos de naturaleza ¿Cuál fue la génesis? ¿En qué estado de desarrollo se encuentra? ¿Con que socios o aliados cuentas?

Con el proyecto de los hides de Fotosnaturaleza me gusta decir que he vuelto a mis orígenes. Es un viejo proyecto que ya teníamos en marcha mi amigo y socio Jesús Sánchez y yo en los años ochenta pero de manera gratuita y como otro procedimiento de educación ambiental. Efectivamente, invitaba a amigos y a sus hijos a asistir a algunos hides desde los que estaba trabajando y eran relativamente cómodos, que no necesitaran más que de una estancia de 2-3 horas y que, las distintas especies de aves, fueran las que podrían definirse como “agradecidas”. Entre ellas, el rabilargo, el abejaruco, el gavilán y el águila calzada. La asimilación del hide por estas especies era tan inmediata que, en el caso del águila calzada tras meternos en él no tardaba más de diez minutos en volver al nido. Eso entusiasmaba a mis amigos y sobre todo a los más jóvenes. Ver un águila a escasos ocho metros del hide no importándola en absoluto habernos visto entrar a las 10 de la mañana les resultaba alucinante.

En aquella época mi socio Jesús y yo no teníamos la finca que tenemos ahora, que nos permite abordar seriamente este proyecto y en la que seguimos realizando infraestructuras para dotarla de más posibilidades. De hecho, hemos construido un hide a nivel del suelo con capacidad para cuatro fotógrafos para obtener planos desde ángulos rasantes o superficiales de carroñeros. También disponemos de una torreta cuyo hide, con capacidad para 2 fotógrafos, se eleva a 10 metros de altura para poder fotografiar aves del bello bosque caducifolio de nuestra finca. Los comederos que hemos aplicado a este hide atraen distintas especies de aves granívoras, insectívoras y frugívoras: picogordo, trepador azul, rabilargo, picapinos, oropéndola, arrendajo, carbonero, etc. incluso últimamente ardillas. Además, curiosamente, las jinetas que habitan nuestro bosque han decidido utilizar el tejado de la cabina-hide de la torreta como cagarrutero, los fotógrafos visitantes pueden comprobarlo de manera muy directa.    

Esta familia de jinetas tiene a los pájaros muy preocupados porque no saben donde hacer los nidos para que no lleguen. Ya veremos cómo nos planteamos la posibilidad de fotografiarla.             

Hemos realizado una alberca de más de 2.000m de superficie donde esperamos tener la presencia de garzas reales, polla de agua, polluela chica, rascón, zampullín chico, etc. y alguna que otra pareja de patos. En conjunto, unas inversiones de más de 20.000 euros que, desde luego, será difícil rentabilizar pero tendremos la satisfacción de hacer amigos fotógrafos de naturaleza de todos los lugares de España.  

 La amistad que conservo con numerosos propietarios de fincas privadas de miles de hectáreas con riquísima fauna, también nos permiten ofrecer hides muy diversos en los que, esperando grullas o milanos reales puede bajar un águila imperial o un águila real, como ya me ha pasado a mí y espero ocurra a otros fotógrafos. Aunque sabemos que cuando se trata de fotografiar especies salvajes habrá también fotógrafos que se vayan poco satisfechos ya que la suerte depende de las circunstancias, pero la fotografía de naturaleza es así y, aunque procuraremos evitarlo, los fotógrafos con experiencia lo entenderán y nosotros también sabremos compensar tales situaciones.    

¿Qué tipo de clientes has tenido hasta ahora y qué valoración crees que hacen de tus servicios?

En Fotosnaturaleza organizamos sesiones fotográficas mediante hides fijos y temporales. Debemos dar a entender que lo que se cobra por un hide es por la organización y amortización de los recursos que se ponen en marcha, las especies no actúan siempre de la misma manera y hay que contar con un porcentaje de relativos fracasos. Los buenos resultados con la fotografía de la naturaleza nunca van parejos a las prisas. Esta actividad hay que planteársela  con tiempo suficiente hasta obtener los resultados que deseamos, por esto, los precios de los hides los reducimos muy considerablemente a partir del primer día.

 

En nuestra web publicamos comentarios de los clientes fotógrafos que han tenido la amabilidad de enviarnos alguna de sus fotos. Nos agrada enormemente recibirlos pero, como anteriormente decía, nuestra mayor satisfacción, aparte del éxito fotográfico que consigan, es conocer a tantos fotógrafos de tantos lugares diferentes de España y tan distintas generaciones. Además, debido al trato tan estrecho que mantenemos, consecuencia del tipo de actividad, terminamos con una relación más de amistad que de cliente. Así vamos a continuar y esperamos incluso mejorar en todo lo que sea posible y dependa de nosotros.  

 

José Luis González Grande

Candeleda, 10 de Febrero de 2011

Reportaje del águila imperial  

(Algunas fotos del trabajo publicado en su libro del águila imperial editado en octubre de 1991)